Cómo entrar a trabajar en la industria musical y el Dunning-Kruger

Si hay una actividad con la que realmente disfruto, aparte de mi labor como compositor, es la de compartir conocimientos y experiencias con los alumnos de los diferentes centros educativos en los que imparto clases.

El contacto con la juventud, sus ganas de aprender, su ilusión y su energía nos obliga a reflexionar y a renovarnos constantemente ya que, por supuesto, el profesor no lo sabe todo. Pero es nuestra obligación, apoyándonos en nuestra experiencia, ayudar a cada uno de nuestros alumnos a encontrar su lugar dentro del mundo laboral de la industria musical.

Después de unos días de clase, puedes intuir en los alumnos diferentes perfiles: observas quién tiene activado el botón ON, quién probablemente funcionará siempre de manera intermitente, el alumno que se mantiene en constante cortocircuito y el que todavía está buscando su botón.

Trabajar en la industria musical. EUMES escuela producción musical

El factor clave para el éxito

Muchos alumnos creen que para ser un excelente profesional del diseño sonoro, solo deben saber diseñar mejor que el resto y, para ser compositores, tener todos los conocimientos de composición, orquestación, armonía, etc.

Estos alumnos llegarán al mundo laboral con muchos conocimientos e información, pero con casi nula o poca experiencia sobre qué es una relación laboral real.

En el entorno profesional real, incluso por encima de estos conocimientos, la actitud es el factor clave. Un multiplicador que es imprescindible para el buen desarrollo laboral, junto con entender el propio rol dentro de cada proyecto.

El efecto Dunning-Kruger

Hace unos años, leí por primera vez sobre el efecto Dunning-Kruger:

El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo según el cual los individuos con poca habilidad o conocimientos sufren un sentimiento de superioridad ilusorio, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de la realidad.

Lo que vendrían a ser los espectadores de fútbol, comentando las decisiones del entrenador del equipo, o la automedicación no teniendo en cuenta la larga trayectoria de nuestro médico de cabecera.

Hay quien explica a sus alumnos que ha tenido una formación increíble, un posgrado, un máster, incluso un doctorado y que están preparadísimos para el mundo laboral; pero no explica que es igual o más importante ser un buen compañero o compañera, comprometido con el entorno (porque, sin ánimo de hacer juicios morales, una “mala persona” JAMÁS es un buen profesional).


No le damos suficiente importancia a que no deben estar en continua queja, creando mal ambiente. Tampoco les ayudamos a ser conscientes de que un buen profesional se anticipa a las necesidades de su empresa y que no debe confundirse el desarrollo y evolución en el puesto de trabajo con intentar desplazar a aquellos compañeros con los que tienes que cooperar y formar un equipo bien integrado. Que el ansia y las prisas no son buenas compañeras de viaje, y que el compromiso con una empresa que apuesta pagando un buen sueldo a un trabajador joven sin experiencia debería ser bidireccional.

Y aquí es donde llega nuestra responsabilidad como educadores, que debemos activar la actitud autocrítica de estos alumnos y mostrarles la importancia de poner en funcionamiento las diferentes inteligencias que poseen (especialmente la intrapersonal y la interpersonal).


Por supuesto, no se trata de infundir un miedo paralizante que pueda retrasar el acceso al mundo laboral de los alumnos más “conscientes”, sino más bien de mostrar las herramientas que pueden ayudar a que confíen en sus puntos fuertes y tomen conciencia de los puntos débiles que deben reforzar, ya que fuera del centro educativo siempre hace un poco más de frío y a todos siempre nos quedará mucho por aprender.

Dani Trujillo.